DEL BULBOSO CEREBRO DE LUISO ANAYA: ¿POR QUÉ LA COLECCIÓN?

Recuerdo tener 13 o 14 años cuando un famoso bazar de esta ciudad estaba cerca de la glorieta Bocanegra y era bueno ir como alternativa de compras a las también afamadas “vías”. Eran tiempos de Caballeros del Zodiaco, bonanza Salinista y el dólar a 3 tres pesos, lo que hacía bastante costeable la vida y algunos buenos lujos se podían dar, justo como la primera pieza, que aún conservo por supuesto, de una colección que genera muchos pensamientos positivos, la playera de entrenamiento de Pumas de la UNAM, color gris, temporada 94-95.

Naciente mi afición por ese equipo, además de embelesado por la marca, en ese entonces Nike, de la camiseta, el sentimiento de pertenencia a un equipo, más esa extraña sensación de atracción de las marcas, ha logrado en mi ésta sana afición que ahora deriva en una colección pequeña comparada con aquéllos que gastan miles de dólares para tener piezas de museo, pero que tiene pasajes divertidos, azarosos y afortunados de cada una de las que la conforman.

Con un casi 10% de la totalidad, llena de colores azul, oro, blanco y hasta gris, Pumas es mi predilección, pero es fantástico voltear al sitio donde están ordenadas y ver las opciones de alrededor del mundo que hay para recordar y celebrar.

Hay muchos tipos de colecciones, numismática, filatélica, de Star Wars y miles más, pero pocas cosas son tan reconfortantes como portar la camiseta, remera o playera de tu equipo, aunque no necesariamente sea el equipo al que le vayas, tener la identidad de una ideología futbolística y en algunos casos, hasta ideológica o religiosa como sucede con las camisetas de Glasgow Rangers y Celtic Glasgow, no tiene igual.

De templates diferentes, colores y tallas distintas, la de local, visita, especial, con números, con nombre, nuevas, clásicas, de diseño polémico, usadas en juego o hasta históricas, contar con una camiseta que te identifique como me ha tocado vivir incluso fuera del país, logra hacer sentir que se está en conjunción en un sentido muy romántico con unos colores.

En el caso de quien comparte y escribe, la colección casi siempre va encaminada a portar los colores de los equipos que admiro, aunque siempre hay espacio para camisetas que se destacan por su belleza y su valor sentimental, aunque muchos que compartimos este sano gusto, quisiéramos tener el poder de otros para poder mostrar lo que tenemos para un club, como he visto casos en Argentina, donde coleccionistas exhiben sus prendas para el equipo de sus amores o como en otros casos, donde se pagan cantidades estratosféricas por algunas piezas de colección como la camiseta azul usada por Pelé en la final de Suecia 1958, que, en mi opinión muy personal, deberían estar en un museo para ser admiradas por toda la gente que admiramos esas glorias del futbol.

Coleccionar camisetas simplemente vale la pena, es hasta una inversión como cualquier colección, porque con el paso del tiempo cada prenda se vuelve escasa dependiendo del modelo y es una opción para vestir cómodamente en un domingo, mostrando los colores de tu equipo y tu afición. Es una moda, es una forma de ser, un gran gusto, un conocimiento futbolístico hecho prenda de vestir y además, en el mejor de los casos, el origen de “¿qué traes puesto?” en Tiro Indirecto… No olvides que gusta presumir el amor a tus colores…

 

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