CUENTOS DE HOFFMANN

Por: Rita Lemus.

Ernst Theodor Amadeus Hoffmann nació el 24 de enero de 1776 en Koenigsberg, Prusia (actualmente Kaliningrado, Rusia) fue un artista multidisciplinario en la época en que las grandes bellas artes se transformaban entre las épocas conocidas como “clasicismo” y “romanticismo”.

Principalmente tres artes pelearían por su inspiración: la música, la pintura y la literatura, siendo en esta última en la que nos dejó sus aportaciones más hermosas. Creció en una familia de funcionarios juristas en la que se apreciaban las artes pero no se veían como un modo seguro de vida, por lo que el joven Ernst fue conducido a la universidad a estudiar Derecho. Vivió en diferentes ciudades de Alemania y Polonia, principalmente, trabajando en puestos de lo más distintos entre sí: funcionario de gobierno, director de orquesta, ilustrador y escritor.

Preparó el camino en música para la llegada de autores de la talla de Wagner, pues lo anticipó como compositor entendido en cuestiones literarias y visuales. Su máxima obra musical es quizá la ópera “Ondina” donde deja reflejar toda su admiración por el magnífico W. A. Mozart, la cual se nota desde la obertura en las figuras musicales hechas por los violines y las conversaciones de los mismos con la flauta y otros instrumentos. Al hallarse al borde de la época romanticista su composición también nos deja ver su incursión en la misma pues habrá varios compases que nos recordarán a Félix Mendelssohn y a Piotr Illich Tchaikovsky. Este último compositor ruso tomaría uno de los más bellos y complejos cuentos de Hoffmann para el tema de una de sus obras cumbre: “El Príncipe Cascanueces y el Rey de los Ratones”, haciendo del relato el más famoso del prusiano. Tomándolos en paquete y basándose en un trabajo escrito por Jules Barbier, el también compositor francés Jacques Offenbach llevó a los escenarios de la ópera varios de sus relatos, entre cuyas arias destacan “La Barcarola” (puesta para la película  “La Vida es Bella”) y la “Canción de Olympia”, interpretada con maestría por la soprano italiana Luciana Serra.

La vida de Hoffmann es fascinante a la hora de leer una biografía ampliada, pues entre las personas que conoció se cuentan personas de la talla de Immanuel Kant, quien fuera su maestro en la escuela de Derecho; el pintor italiano Molinari, capaz de todo por la belleza y el mismísimo Federico Chopin, cuyo talento se requirió para tocar aquél instrumento construido por Hoffmann y uno de sus amigos. Dicho invento tenía el objetivo de sonar sin que nadie lo ejecutara, para que la naturaleza misma se expresara mediante él, pero se requirieron la intervención del pianista y compositor francés para sacarle algún sonido.

Los cuentos de Hoffmann no son una lectura fácil de hacer, pues mezcla hasta lo casi imperceptible las culturas, mitologías y secretos de los dioses de todos lados. El bien y el mal funden hasta no saber qué acción corresponde a cada uno de estos elementos. La respuesta buscada por el protagonista se hallará muchas veces en otro plano de consciencia, otra dimensión donde no hay cabida para lo material si no solo para lo espiritual, la misma Clara de Cascanueces nos lo demuestra. El valor y la constancia serán lo más representativo de este estilo de relato. No todos sus cuentos nos habrán de inclinar ante los dioses, sabios antiguos y elementales, habrá también historias en las que cada uno de sus episodios nos será perfectamente reconocible como parte de este mundo, tal es el caso de “La lección de violín” en la que lo extraordinario se limita a ser la antigua manera de tocar el violín.

Lo extraordinario confundido a veces con la locura nos llevará a veces a reinos inusitados como a los dominios de la mitológica salamandra de fuego en “La Olla de Oro”, el país de los juguetes de Cascanueces, entre otros. Si tú, querido lector, eres aficionado a los cuentos fantasiosos o sientes que, como dice Hoffmann, “lo que hace la humanidad te causa más dolor que alegría” entonces la editorial Porrúa en sus ediciones “Sepan Cuántos…” tiene algo para ti: CUENTOS de Hoffmann.

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