Dirio del mundial 2018 – Día 23

Se fue Uruguay.

Hay mucho que contar de ese primer partido. Me tocó vivirlo en Montevideo, justo frente a la Intendencia de la ciudad, una pantalla gigante y muchos uruguayos.

El partido era complicado desde el inicio, Francia no sería un rival fácil. Dieron las 10:50 am y los equipos entonaban sus himnos nacionales, la garganta de los uruguayos estallaba desde su nación hasta Rusia, justo después respetaron en silencio el himno francés.

Nunca hubo una verdaderamente clara de Uruguay, el grito de gol se ahogó en todas las gargantas y solo vimos caer el arco sudamericano en dos ocasiones. Por cierto en la segunda anotación cayó mi verdadera sorpresa, el error de Muslera enmudeció a los espectadores, y lo primero que escuché después de ese gol fue un “Vamos Uruguay, Soy Celeste”. Nadie reventando a Muslera, nadie diciendo que es el peor, nadie atacando a Tabárez por la alineación, nadie, ni uno solo. Escuché por ahí “fue un accidente, lo de Caballero es un pecado, lo de Muslera es un accidente”, la realidad es que no, fue un sendo error del portero, pero ellos a pesar de todo, seguian siendo el mismo equipo.

Al final un 2-0 sepultó al último equipo de habla hispana, el sueño latinoamericano se iba de a poco. Y a pesar de todo, los uruguayos aplaudieron a los suyos, nadie reventó, la tristeza no hizo que el animo de un país se alejara de los suyos, de los 11 de su tribu, de esos que fueron a Rusia por un sueño y regresarán derrotados.

Más tarde pasó algo similar, en un restaurante de la ciudad vieja en Montevideo, me senté a la mesa justo a un lado de varios grupos de brasileños, su selección enfrentaba a Bélgica. Uruguayos y brasileños son bastante amigos, se apoyan e incluso festejan y sufren las victorias y derrotas paralelas.

Se veía venir, Bélgica dejó fuera a Brasil, y sin embargo los aficionados de sudamerica siguieron creyendo hasta el último suspiro, 2-1 fue la obra mortal, el fin del sueño americano y el término de una época más en el país del pentacampeonato. Brasil se va por ser víctima de sus errores y no cambiar actitudes ante un rival muy complicado.

Los dos equipos “no europeos” que quedaban en Rusia, se fueron el mismo día, una derrota para cada uno y cuatro goles que sepultaron las esperanzas de la afición latinoamericana, ni hablar, seguira siendo Europa para los europeos.

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